La burla se volvió en su mayor bendición gracias a un gesto inesperado.
El aire acondicionado del supermercado zumbaba con esa monotonía sorda que parece detener el tiempo, mezclándose con el pitido rítmico de los escáneres y el murmullo indistinto de docenas de conversaciones triviales. Era una tarde cualquiera de un martes cualquiera, en un barrio donde la gente contaba los céntimos antes de llegar a la caja. … Read more