Su propio pueblo ignoró su dolor. Una pandilla de moteros les abrió los ojos.
El pueblo de Arroyo de la Paz, en la sierra de Guadarrama, se enorgullecía de dos cosas: sus vistas inmaculadas de montañas nevadas y la rectitud moral de sus vecinos. El cartel a la entrada, pintado con letras coloniales alegres, rezaba: *”Arroyo de la Paz: Un buen lugar para criar una familia”*. Los domingos, la … Read more